la amistad
Sergio Belmonte

La amistad

Qué concepto más antiguo y a la vez tan contemporáneo. La amistad entre las personas se remonta a los tiempos primigenios de Adán en el que se puede observar una amistad entre Dios y su criatura. Más tarde esta necesidad de interacción se expande a la primera mujer de la tierra y más adelante a todo ser humano nacido de vientre. Dios ha hecho al hombre un ser social, con necesidad de entablar relaciones fructíferas con las personas de su entorno de manera que se puedan compartir las experiencias vitales tanto positivas como negativas.

Es por tanto la amistad, dentro del contexto de las relaciones sociales y del paradigma bíblico, el objeto de este estudio. A continuación se expone un bosquejo de los asuntos a tratar:

Cuestiones
1 ¿Qué es realmente la amistad?
– Definición del concepto
– Características de la amistad; puntos fuertes y eslabones débiles
– ¿Es aplicable el concepto de amistad a las Teorías de los Contratos Sociales?
2 ¿Es sabio ser amigo de todo el mundo?
– 2 Corintios 6:14-15; el versículo clave dentro de las amistades cristianas
– Analogía entre la construcción de una casa y la elección de las amistades
3 ¿De quién debemos ser amigos?
– Cómo elegir qué personas nos convienen como amigos
– Cómo surgen las amistades y el papel de las decisiones de las personas
– Cómo mantener una amistad duradera; analogía de la amistad y el girasol
  1. ¿Qué es realmente la amistad?
    1. Definición del concepto

Cuando acudimos a una fuente definitoria seria como puede ser la RAE encontramos la siguiente definición de la cual se podrá inferir mucha información de utilidad de cara a la comprensión total de este estudio. De esta forma la RAE define el término “amistad” como:

“Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. (RAE)

  • Características de la amistad; puntos fuertes y eslabones débiles

De la definición anterior se infieren varias cuestiones. La primera de ellas es que la amistad tiene un origen afectivo, es decir, ligado a las emociones de las personas. En segundo lugar se puede calificar a la amistad como algo limpio y altruista que carece de todo sentido doloso hacia las personas con las que se comparte. En tercer y último lugar, para no extender el mensaje más de lo estrictamente necesario, se considera que tanto el origen como el mantenimiento de la amistad entre las personas reside en el trato entre las mismas, o lo que es lo mismo, es en el trato entre dos personas, que comparten de forma desinteresada su afecto, donde nace la amistad y es el mismo trato continuado lo que hace que ésta se fortalezca con el paso del tiempo.

De lo dicho con anterioridad, es más que evidente la función constructiva que la amistad tiene entre las personas como forma de intercambio social. Es mediante la amistad que personas cuyos caminos se cruzan en algún momento de la vida pueden llegar a tener una vinculación afectiva que no se da en otras circunstancias. Es precisamente aquí, en la vinculación afectiva con fines constructivos, donde encontramos tanto los puntos fuertes como eslabones débiles de la amistad entre personas.

       Ser amigo de alguien implica que la persona ya no camina sola por el mundo y por ende, en todas aquellas circunstancias vitales por las que se atraviese siempre tendrá un hombro sobre el que llorar o un corazón que se alegre por los éxitos conseguidos. De igual modo se considera que tener amistad con alguien aporta el beneficio de tener una opinión distinta a la propia, a modo de consejo o de corrección, para las circunstancias que la persona experimenta, lo cual tiene su evidente función constructiva en el proyecto vital de las personas.

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Eclesiastés 4:9-10)

En contraposición a lo señalado con anterioridad, es también en la vinculación afectiva donde encontramos el eslabón débil de la amistad. Tener una mala experiencia con la amistad puede generar dolor emocional cuya intensidad irá en consonancia a la confianza depositada en la otra persona. Dicho dolor emocional puede ocasionar cambios en el carácter de la persona que pueden ser irreversibles o perdurables durante mucho tiempo, ya que ésta puede volverse introvertida, desconfiada o ser lo opuesto de lo que antes había sido, es decir, una persona que había dado su “afecto personal, puro y desinteresado” a otra persona puede aprender por causa de su mala experiencia que esta forma de actuar no es fructífera y comportarse de una forma egoísta e interesada en sus futuras relaciones sociales. Es por esto que Dios nos aconseja a través de la Biblia:

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23)

  • ¿Es aplicable el concepto de amistad a las Teorías de los Contratos Sociales?

Partiendo de la base de la Teoría de los Contratos Sociales de Cósmides, entre otros que basaron sus estudios en una línea similar, se entiende el intercambio social, y esto engloba la amistad, en términos de “costes-beneficios”. De esta forma, y desde este paradigma, se acepta que la amistad se da cuando el coste de darla siempre es inferior que los beneficios que la persona recibe por el hecho de haberla dado. Obviamente, en este caso, no nos referimos a “costes-beneficios” en términos económicos, sino a todos aquellos costes (como puede ser el esfuerzo requerido, el tiempo dedicado, entre otros) y beneficios (ser escuchado, tomar una buena decisión, ser elogiado, etc…) que son inherentes de las relaciones humanas.

Desde esta perspectiva teórica, tener amigos que constantemente fallan a la persona hará que ésta tenga una percepción de mayor coste por sobre el beneficio obtenido, lo cual podrá llevarle a poner fin a la amistad que desde éste punto de vista es infructífera.

Dicho lo anterior, y en contraposición, encontramos que la Biblia ubica al amor en el epicentro de las relaciones sociales, entre las cuales se desarrollan las amistades. Jesús nos dijo que el segundo de los mandamientos era “amar a los demás como a uno mismo”, éste, junto al amor hacia Dios era el resumen de toda la Biblia.

Pablo nos hace una aclaración de lo que ya Cristo nos anunció y cuyo ejemplo pudimos ver en su persona y obra para con la humanidad caída. Leyendo el siguiente texto se puede inferir con mayor precisión que el amor va más allá de una relación de “costes-beneficios”.

“El amor es sufrido, es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”. (1 Corintios 13: 4-8a)

Teniendo por seguro que la amistad se fundamenta en el amor entre las personas, se infiere a la luz del texto anterior, que ser amigo de una persona consiste en amarle, dándole lo mejor de uno mismo sin esperar nada a cambio. Es un amor que nace en el corazón de Dios en primer lugar y como extensión afecta a las personas con las que se comparte. Un amor que soporta y sufre en los tiempos difíciles, que no pasa factura por los beneficios concedidos y que comparte las alegrías del camino con aquellas personas con las que compartimos sinergias.

Dicho lo anterior, es preciso enmarcar la teoría de los Contratos Sociales, y otras por el estilo, dentro de las enseñanzas seculares que engloban conceptos conocidos como “autoconcepto”, “autoestima”, “hedonismo” y otros. Para el humanismo es importante poner su foco de atención en el hombre, sus sentimientos y su visión de futuro; es por esto que desde estas perspectivas se enseña que el hombre debe aprender a amarse a uno mismo en primer lugar, satisfacer sus necesidades de identidad y obtener el mayor beneficio al menor coste posible.

Sin embargo, aquellos que han recibido el amor de Cristo, han experimentado que el amor se da de gracia sin haber hecho mérito alguno y anima a desviar el foco de atención de uno mismo y enfocarlo en Dios mismo como dador del amor que nutre las amistades.

La Biblia, desde el inicio hasta el final, deja meridianamente claro que el hombre es egoísta y vanidoso desde siempre. Ya en el Edén mostró tener un gran concepto de sí mismo y una autoestima más elevada de lo que le convenía cuando pensó que mejor sería hacer las cosas a su modo que al modo de Dios. Desde entonces el hombre se ha revelado constantemente contra la autoridad divina, mostrándose en su soberbia como autosuficiente y totalmente independiente de los designios de Dios. Esto es precisamente, una evidente prueba de que las personas no tienen que satisfacer sus necesidades de autoconcepto, autoestima u otras cuestiones relativas al “amor hacia uno mismo” porque de sobra las satisface.

Hay personas que opinan que “Antes de amar a los demás tenemos que amarnos a nosotros mismos”, pero la Biblia no afirma que este sea el camino a seguir. Como se ha expuesto anteriormente, el modelo bíblico de amor que fortalece las amistades es un amor que se da porque se recibe primero, es un morir a las exigencias egoístas del “yo” para satisfacer las necesidades legítimas del prójimo. Por desgracia, tendencias seculares de diversas fuentes de origen, se han colado en las iglesias de hoy día y enseñan que las personas primero deben satisfacer su autoestima para luego compartir con los demás lo que se está dispuesto a dar. No obstante, Jesús mismo es ejemplo en persona de que esto no debe ser así. Es sabio que la persona acepte y agradezca la identidad que Dios le ha dado y en cualesquiera situación en la que se encuentre sea capaz de amar al prójimo, tal y como Cristo, Pablo, y otros autores bíblicos aconsejan.

  • ¿Es sabio ser amigo de todo el mundo?
    • 2 Corintios 6:14-15; el versículo clave dentro de las amistades cristianas

Qué bueno sería si hoy día la totalidad de las personas que habitan este hermoso planeta se uniesen en amistades desinteresadas en las cuales el amor de Dios fuese la fuente que emana de los corazones y sirviese de argamasa entre hombres y mujeres. Sería un mundo totalmente distinto a como se conoce en la actualidad, tan diferente que ni siquiera resultaría aproximado cualquier intento de descripción que pudiera hacerse por parte de este autor.

Como se ha expuesto en el primer apartado de este estudio, las amistades tienen la capacidad de fortalecer las relaciones, atender las necesidades de las personas y construir un mundo mejor. No obstante, también tienen la capacidad de hacer lo contrario cuando no se hace buen uso de ellas y es por esto que la Biblia nos aconseja a cuidar nuestro corazón.

Posiblemente, el lector pueda echar un vistazo a su pasado personal en un ejercicio retrospectivo. Quizá sea capaz de recordar la primera vez que se enamoró de alguien y cómo aquello salió mal, o la primera vez que fue traicionado por una amistad cuando recibió algún trato que no esperaba recibir de esa persona en la cual había depositado su confianza. Tal vez recuerde la primera vez que alguien le mintió y le hizo aprender el significado de la desconfianza o aquella vez que necesitaba ayuda pero se sintió solo.

Hay muchas más situaciones de este estilo, y de haberlas redactado de forma extensiva seguramente el Amazonas tendría que ser reforestado, no obstante se estima que se ha dejado claro que las relaciones humanas tienen una gran capacidad para dañar a las personas cuando éstas no se desarrollan correctamente.

Es por esto que la Biblia enseña que hay que ser sabios a la hora de elegir las amistades. No es que las Escrituras se basen en principios hedonistas, como se ha visto en el apartado “c” de la sección anterior, sino que desde ellas se reconoce que hay personas cuyo corazón es inclinado al mal y constantemente van a tratar de herir a los que tienen alrededor. Claro está que hay personas cuya perversidad es incuestionable y tratan de hacer el mal a los demás porque experimentan algún tipo de placer personal. Se habla de ladrones, asaltadores, pedófilos, proxenetas, corruptos, asesinos y otros tantos que satisfacen sus necesidades a costa del daño causado a los demás. Pero también los hay que hacen daño por incredulidad, como si una nube de niebla rodease su vista y constantemente hiriesen a las personas porque su única intención es obtener algo de ellas para satisfacer sus deseos egoístas sin llegar a delinquir al modo de los anteriores. De todos estos, la Biblia advierte que se ha de ser cuidadoso a la hora de establecer vínculos con ellas.

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿o qué parte el creyente con el incrédulo? (2 Corintios 6:14-15)

      Tradicionalmente, este versículo se utiliza para las relaciones de pareja, pero es cierto que su aplicación abarca un área mayor. La amistad, como uno de los pilares del matrimonio, debe tener en consideración lo que este versículo enseña, y esto también es aplicable al resto de amistades. De hecho, este versículo tiene aplicación a la hora de establecer cualquier tipo de vínculo entre personas, especialmente cuando los vínculos son profundos.

La explicación a lo expuesto reside en la emergente necesidad que las personas tienen de construir y edificar proyectos vitales que sean saludables. Es por esto que la suma de energías personales, o sinergias, es la forma adecuada de conseguir los objetivos vitales que todo ser humano tiene. Cuando una persona se une a otra, ambas agarran la cuerda por un extremo, y comienzan a tirar en direcciones opuestas, de ninguna de las maneras se consigue avance. En el mejor de los casos la cuerda se mantiene en el mismo sitio sin avanzar en ninguna dirección pero en el peor de los casos el tirón de la persona que se encuentra en el otro extremo puede ser tan intenso que arrastre a la primera persona y caiga al suelo.

Esta ilustración sirve para casi cualquier cuestión que implique algún tipo de relación humana pero es especialmente trascendental en el caso de la fe. Establecer vínculos afectivos profundos con personas que viven una fe distinta puede hacer que la persona creyente caiga de la fe, con las consecuencias catastróficas que esto puede tener para el afectado.

De lo dicho anteriormente, debe quedar claro que no es la voluntad de Dios que los creyentes vivan en el ostracismo, siendo apartados del resto de las personas que viven en nuestro entorno. No es el deseo de Dios que vivamos en comunidades monásticas, apartadas de las personas necesitadas que nos rodean. Jesús oró al Padre pidiéndole:

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:15)

“¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?” (Santiago 4:4ª)

El Señor sabe que los creyentes desarrollamos todas nuestras actividades cotidianas en este mundo y en él hay multitud de personas que no son creyentes. Dios conoce que la forma de llevar el Evangelio a los perdidos es poner mensajeros en medio de ellos, de hecho es una de las misiones que se ha dado a la iglesia. En este caso Jesús estaba pidiendo al Padre que los creyentes fuesen guardados del mal ya que a través de esta influencia insalubre aún los creyentes pueden caer de la gracia que les fue dada.

Esta es una clave que sirve para entender que aun desarrollando relaciones de trabajo, vecinales, deportivas, culturales o de cualquier otro tipo con las personas no creyentes de nuestro entorno, no son las personas sino los hábitos que éstas practican los que se deben evitar. Se habla pues de llegar a los perdidos sin que el estilo de vida del creyente se vea afectado por el de los no creyentes.

  • Analogía entre la construcción de una casa y la elección de amistades

Hay algo de lo que aún no se ha hablado hasta el momento pero que se considera importante y guarda relación con la profundidad del término “amistad”. Se ha comentado que ser amigo de alguien consiste en amar al prójimo con el amor que uno recibe de Dios y actuar de forma desinteresada con esa persona. Ha quedado claro que no es bueno que las personas sean amigos de todo el mundo porque hay personas que intencionalmente o de forma involuntaria tratarán de herir a quien da su amistad y esto es causa de la satisfacción de necesidades o deseos egoístas. Por tanto, se entiende que las amistades verdaderas  han de ser selectivas. Esto implica niveles profundos de intimidad, compañerismo y complicidad.

Por desgracia, en este mundo tan superficial en el que las personas interactúan, en muchos casos de forma impersonal, la profundidad y lealtad en las relaciones de amistad ha quedado infravalorado. Hoy se puede encontrar a personas, famosas y no famosas, que tienen miles de “amigos” en las redes sociales; “amigos” con los cuales nunca ha interactuado y por los cuales no existe ningún tipo de vínculo más que la satisfacción del ego personal por alcanzar un amigo más y ser más popular, o el interés por cómo van los asuntos de los demás en sus vidas particulares.

Esto desvirtúa el concepto de amistad y las implicaciones que tiene. La amistad, tal y como se ha descrito en apartados anteriores, sirve para generar relaciones fructíferas que a su vez sirvan para la construcción o desarrollo de un proyecto vital para las personas.

Si la vida del hombre pudiese compararse de forma alguna con la construcción de una casa, podemos ver que para que la casa esté correctamente terminada hace falta tener en consideración una serie de premisas.

La primera de ellas es que si se quiere que la casa resista contra las inclemencias del tiempo, sean éstas más o menos furibundas, debe estar construido sobre un fundamento sólido, una peana que haga que venga lo que venga, pase lo que pase, la casa permanezca de pie.

Esto era los que nos decía Jesús según lo que Mateo registra en todo el capítulo 7 (obsérvese que a lo largo del versículo 13 en adelante Jesús está haciendo una comparación entre los creyentes verdaderos y los creyentes que dicen serlo pero en realidad no lo son, no se confunda y piense que Jesús compara a creyentes con incrédulos). Construir una vida sobre los fundamentos de Cristo es la garantía de que el proyecto vital será alcanzado satisfactoriamente.

Establecida la primera prioridad, y asegurado el fundamento de la casa a construir, lo siguiente es empezar a escoger los materiales que uno necesita para ir dándole forma al edificio. Los materiales se deben escoger en base a los principios que se siguieron para establecer la peana de la casa, es decir, deben ser materiales que sirvan para que ladrillo a ladrillo las paredes se levanten altas y fuertes.

Escoger materiales de poca consistencia hará que los ladrillos no se sujeten los unos a los otros con la suficiente firmeza. Esto, no solo ocasionará molestias futuras cuando haya que invertir tiempo en reparaciones incómodas sino que puede generar que la casa sea declarada “ruina catastrófica” cuando el número de ineficiencias en la casa sobrepasa nuestra capacidad de reparación.

Entienda el lector, que aunque se utiliza el argot de la construcción, es la amistad y las relaciones que se establecen entre las personas lo que servirá para construir proyectos vitales de provecho. Por esto, se observa hoy día, tantos y tantos hogares destruidos, tantas vidas destrozadas y personas afectadas por las consecuencias de, primero, no haber escogido el buen fundamento sobre el cual construir lo demás y, segundo, no escoger los materiales adecuados con los que construir teniendo en cuenta los mismos parámetros que se consideraron al elegir sobre qué cimentar el edificio.

  • ¿De quién debemos ser amigos?
    • Cómo elegir qué personas nos convienen como amigos

Visto lo anterior, se entiende que lo sabio es acudir a las Sagradas Escrituras en busca de los consejos que sirvan para tener un mejor discernimiento al respecto de qué amistades conviene establecer con las personas del entorno. Para ello se van a exponer varias premisas que se deben considerar:

  1. Deben ser personas que amen a Dios: Obviamente, tal y como se pudo leer en 2 Corintios 6:14-15, cuando la persona se implica en relaciones profundas, como es el caso de la amistad, debe hacerlo sobre la base de las creencias compartidas. Cuando las relaciones son más superficiales que una profunda amistad, sean éstas de índole laboral, estudiantil, vecinal o grupal, debe considerarse no unirse en vínculos profundos a personas que bien abiertamente o de forma encubierta, demuestren una clara aversión hacia Dios y las cosas que Él representa.
  2. Deben ser personas cuyo consejo sea fiable: El creyente no debe rodearse de personas que se adaptan a la forma de aconsejar de la cultura contemporánea, es decir, no debe rodearse de aquellos que aconsejan aquello que uno quiere oír, sea esto lo más adecuado o no. Rodearse de personas que sólo evitan la incomodidad del conflicto al decir la verdad y buscan satisfacer los deseos de quien le escucha aunque no haya nada de razonable en sus palabras, no es lo más sabio. El creyente debe buscar amistades con personas que tengan la intención de construir en sus vidas, aunque ello requiera que el consejo verdadero no siente igual de bien que el consejo egoísta que uno quiere escuchar. Se dice que “la verdad duele” mientras que “la mentira endulza los oídos del necio”. El creyente debe escoger rodearse de personas que le hablen la verdad de las cosas y le corrijan si es preciso, aunque se vea confrontado, siempre será mejor la confrontación que da la construcción personal como fruto que la alabanza del insensato que lo único que pretende es preservar el estado de ceguera en el que la persona puede encontrarse.

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos…” (Salmos 1:1a)

“El justo sirve de guía a su prójimo; más el camino de los impíos le hace errar” (Proverbios 12:26)

“El que anda con sabios, sabio será; más el que se junta con necios será quebrantado” (Proverbios 13:20)

“El ungüento y el perfume alegran el corazón, y el cordial consejo del amigo, al hombre”            (Proverbios 27:9)

“Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; más en la multitud de consejeros hay seguridad” (Proverbios 11:14)

3- Deben ser personas fieles y estables: Teniendo siempre en cuenta que aquello que pedimos de los demás, primero hemos de haber sido capaces de darlo cien veces; el creyente debe buscar rodearse de personas que sean fieles a la amistad que se intenta construir y estables en el mantenimiento de la misma. ¿Cómo puede un general cobarde pedirle a un soldado que sea valiente y salte de un avión en paracaídas? Las relaciones entre las personas no son de tipo castrense en el que una autoridad superior dispone y los subordinados obedecen aunque sea a regañadientes. Siempre es más fácil obedecer en base al ejemplo dado. Siguiendo con el ejemplo anterior, un general a la puerta de un avión, con su paracaídas a la espalda y su equipo de combate puesto, sólo necesitará mirar a sus hombres cuando la luz verde se ha encendido y saltar hacia el vacío para estar seguro que sus hombres le van a seguir sin titubear.

De la misma forma, el creyente que anhele tener una amistad debe mostrarse amigo primero, y eso implica amar a la otra persona, permanecer fiel cuando se le confía alguna intimidad, mostrar su hombro en los padecimientos de la vida y estar presto a compartir con alegría los eventos que harán feliz al otro. Ser fiel y estable uno mismo servirá de ejemplo para que los demás también lo sean

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17)

“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano” (Proverbios 18:24)

“Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados” (Lucas 6:31 TLA)

“Amaos los unos a los otros con amor fraternal” (Romanos 12:10a)

“Amados, amémonos los unos a los otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1 Juan 4:7)

“Sobrellevad los unos las cargas por los otros” (Gálatas 6:2)

4- Deben ser personas cuyo ejemplo sea constructivo: Como ha quedado explícitamente expuesto en apartados anteriores, el creyente debe establecer vínculos de amistad con aquellas personas que sumen a su proyecto vital, o lo que ya se ha visto, a construir el edificio que será su propia vida personal.

Esto es importante considerarlo en todas las etapas de la vida, pero si hay alguna etapa del desarrollo de la persona que merezca la pena resaltar  en base a su vital trascendencia en el asunto de la elección de las amistades es la adolescencia.

La adolescencia es una etapa en la que la persona comienza a adquirir mayor autonomía e independencia de los cuidados paternos. En ella se está preparando para afrontar la vida adulta y se ponen en práctica las estrategias que uno está aprendiendo para que la vida posterior sea fructífera. Es en esta etapa donde se ejercen las mayores presiones grupales sobre la persona, la cual comienza a valorar por un lado lo que opinan sus padres, por otro lo que opinan los integrantes de su grupo y finalmente lo que opina él mismo.

Permanecer dentro de un grupo social siempre tiene altos costes. Si el adolescente elige bien a sus amistades, pasará por esta etapa habiendo adquirido estrategias adecuadas para afrontar su vida adulta, por el contrario, si elige mal sus amistades, puede convertirse en una persona con estrategias de afrontamiento inadecuadas y pronto pueden verse los resultados.

Un adolescente cristiano, generalmente criado en familias cristianas, debe saber que hay ciertas elecciones que no le convienen, y esto incluye las amistades.

Cuando uno hace un análisis de los grupos, siempre encuentra fenómenos psicológicos que suceden dentro de los mismos que se repiten de forma transcultural, o lo que es lo mismo, en todos los grupos de todas las culturas de la tierra. Siempre hay personajes que quieren sobresalir y que de alguna forma marcan el rumbo que tomará el resto del grupo, ya que los demás, al no tener el carácter, la valentía o la personalidad de actuar de forma distinta a como los líderes grupales lo hacen, terminarán siguiendo el ritmo que éstos marcan.

Esto está genial cuando el grupo está compuesto de chicos y chicas comprometidos con los valores morales de Dios; personas que sobre cualquier otra cuestión desean tener una relación íntima con su Creador. Así los valientes guían con su ejemplo a los demás y juntos crecen en un grupo que seguro será de buena influencia en la comunidad en la que viven.

Sucede lo contrario cuando los amigos que el adolescente elige no tienen en cuenta la moralidad de Dios y su aplicación para sus vidas. Adolescentes que bien temprano se sumergen en los vicios del tabaco, el consumo de alcohol y la práctica de actividades de índole sexual. Generalmente son personas que mienten para encubrir su realidad y poco a poco ven que la deriva de sus vidas les conduce por muy mal camino.

En el caso de los adolescentes, se hace de vital importancia la correcta supervisión paterna. Téngase en cuenta que debido a las presiones grupales, y al déficit de desarrollo de algunas partes del cerebro relacionadas con la inhibición de conductas antisociales propias de la etapa de la adolescencia, su hijo necesitará más de usted.

La Biblia enseña que el modelo bíblico de familia es en torno a las relaciones entre sus miembros, teniendo siempre a Dios en medio de ellos. Para ello se hace necesario que los padres tomen decisiones sabias en cuanto al tiempo y esfuerzo que dedican en la supervisión de sus hijos y a la enseñanza de las Escrituras ya que éstas tienen la capacidad de:

“Dar a entender sabiduría y doctrina, para conocer razones prudentes, para recibir consejo de prudencia, justicia, juicio y equidad; para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura” (Proverbios 1:2-4).

Pablo aconsejó al joven Timoteo a este respecto lo que también Salomón dejó claro al afirmar:

“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:14-15)

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6)

  • No debe aliarse con lo antisocial: Aunque por desgracia, la cultura del chisme y la murmuración forman parte de la idiosincrasia de las sociedades actuales, la persona que se confiesa creyente, no sólo debe trabajar contra éstas áreas en su propia vida sino que también debe procurar no elegir amistades que sean tendentes a criticar todo cuanto observan a su alrededor.

Jesús enseñó que uno de los pilares que sustentan el buen juicio y las relaciones entre las personas es tener una actitud autocrítica antes que de crítica hacia los demás. Él lo ilustró diciendo:

“¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mateo 7:3)

      También Salomón advierte respecto a los peligros de hacer un mal uso de la lengua, lo cual ha de servir como cosa a tener en cuenta para el creyente de cara a establecer amistades:

“El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos” (Proverbios 16:28)

“El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo” (Proverbios 17:9)

     El creyente, una vez que entiende que su papel dentro de la sociedad en la que vive es traer la luz del Evangelio a las personas perdidas, o lo que es lo mismo, ser una persona influyentemente constructiva para los demás, debe tratar de no formar yunta con aquellas personas que poco o nada tienen que ver con lo contrario a lo que él mismo representa.

“No tengas nada que ver con gente violenta, ni te hagas amigo de gente agresiva, para que no imites su conducta y tú mismo te tiendas una trampa” (Proverbios 22:24-25 TLA)

“No se dejen engañar; las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33 TLA)

  • Cómo surgen las amistades y el papel de las decisiones de las personas

Cuando la persona trata de dar explicación a la pregunta que sirve de encabezado de este apartado, pueden venir a su cabeza imágenes sacadas del cine en el a veces se forjan amistades en base a situaciones rocambolescas y nada típicas. Quizá dos personas que no se conocen de nada hayan pagado un viaje de vacaciones a la ciudad de París y allí, casualmente, y como si fuese parte del destino que había preparado para ellos, se vieron, conocieron y poco a poco, sin apenas darse cuenta establecieron una hermosa amistad que duró por toda la vida. La realidad es que las relaciones se establecen de una forma más sencilla a como la industria del cine lo muestra en ocasiones.

Las amistades normalmente surgen en los contextos más próximos a la persona. Estos suelen ser sus lugares de estudios, trabajo o residencia, es decir, aquellos lugares que la persona suele frecuentar más a menudo por causas de distinta índole.

Es cierto que generalmente la persona no elige aquellas personas que van a formar parte de su entorno más cercano. Cuando un obrero ingresa a una empresa, no suele hacerlo habiendo elegido qué tipo de personas iba a encontrarse previamente. De igual modo el alumno no elige cual va a ser el número de compañeros que tendrá en clase ni las características personales de cada uno de ellos, simplemente están los que están y son como son.

No obstante, y aunque se acepta el hecho de que un individuo no puede elegir a las personas que conforman su entorno más cercano, tal y como se ha visto en el párrafo anterior, sí que se observa que la persona tiene la capacidad de decidir qué tipo de personas acepta para formar vínculos afectivos de índole más profundo.

En base a todo lo que se ha visto a lo largo de este estudio, en especial teniendo en cuenta lo comentado en el apartado 3.a respecto a “cómo elegir los amigos que nos convienen”, vemos que no solo cada individuo tiene la capacidad de elegir las personas con las que forma amistades sino que tiene la responsabilidad de hacerlo sabiamente. De esta forma, y adquirida la capacidad de elección dada por Dios para cada individuo, no se puede argumentar ni excusar las malas compañías frecuentadas ya que si la persona tiene malas amistades en su vida es porque de una forma las ha elegido voluntariamente y de la misma forma las mantiene.

En España hay un refrán que cita: “Dime con quien andas y te diré quién eres”. Nada más lejos de la realidad. La formación de las amistades que dan lugar a los grupos suele hacerse por afinidades conjuntas, es decir, en base a las cosas que se perciben en común entre sus miembros. Es por esto que cuando se echa un vistazo a una tribu urbana se puede observar que salvo diferencias sutiles, todos los miembros reúnen las mismas características definitorias del grupo. Es por esto que muchos jóvenes a los que les gusta el estilo “Gótico” visten de oscuro, los que leen comics de súper héroes van a fiestas tipo “Manga” o muchachos inadaptados socialmente forman pandillas en las que todos sus miembros tienen algún tipo de conducta antisocial.

       De esta forma, los padres creyentes deben ser observantes con el grupo de amigos que frecuentan sus hijos. Si se observa que las conductas del grupo no van en la línea de la moralidad de Dios, se deben preguntar como progenitores y responsables de sus hijos, qué tiene ese grupo que hace que su hijo se sienta atraído hacia él. Ahí es donde está la raíz de su intervención como padre.

       Muchos padres, al percatarse de la situación en la que existe un contraste entre el grupo al que su hijo pertenece y la moralidad que se desea ver en él, optan por reinterpretar la situación. De esta manera, las malas compañías se ven como menos malas de lo que de verdad son y no se actúa en consecuencia, dando lugar a un empeoramiento de la situación con el paso del tiempo. Otros por su parte se limitan a prohibir a su hijo entablar amistad con esas personas, lo cual genera un mal ambiente en la relación padre-hijo que de no atenderse puede generar inestabilidad en el hogar. Los menos, aunque son los que actúan de forma adecuada, observan el grupo del cual su hijo forma parte, toma medidas para que se aleje de las malas amistades y se centra en tratar de comprender la mente de su hijo en aras de ayudarle a desarrollar las estrategias para entablar amistades que sean más convenientes. Esto, como se ha dicho, es lo menos frecuente aunque sea lo más eficaz. Requiere de los padres mayor supervisión, un entrenamiento preventivo en el establecimiento de las amistades por parte del niño cuando éste aún es pequeño en base a las enseñanzas bíblicas, muchas dosis no menos mayores de esfuerzo, paciencia, cariño, comprensión y oración por su hijo. Es duro, pero es su responsabilidad y Dios le ha puesto las herramientas al alcance de su mano para llevar a cabo la tarea que como a padre le ha encomendado.

  • Cómo mantener una amistad duradera; analogía de la amistad y el girasol

Tal y como reza el título de este apartado, una amistad es similar a un girasol. Para ilustrarlo, imagínese el proceso que tiene lugar desde que la semilla es plantada hasta que el girasol es maduro y lleno de fruto. Así es como se forma y mantiene una amistad.

El girasol tiene su origen siendo una semilla, algo muy pequeño en tamaño que necesita que una mano amiga se acerque y realice la acción de introducirla en la tierra donde encontrará los nutrientes que necesita para germinar. De la misma forma, el establecimiento de una amistad, por casual que sea su origen, necesita que alguien con actitud amable realice la acción de acercarse a la otra persona con la mano tendida y establecer la zona de intimidad y seguridad donde la relación podrá consolidarse.

Con el tiempo y agua abundante, de la semilla germinada  brotará el tallo que romperá la superficie de la tierra para ir creciendo poco a poco en la dirección hacia lo alto. De igual modo, el trato diario y el interés mostrado por el otro, hará que de lo que antes fue un mero trato cordial, se rompa en aras de una mayor intimidad entre ambas personas. Un vínculo que ha pasado de lo superficial a lo más profundo y en el cual ahora se está dispuesto a compartir detalles de la vida que antes estaban reservados para aquellos que formaban parte del entorno más personal.

Alcanzada la madurez, el girasol mira de cara al sol cuando éste brilla con fuerza y agacha su mirada en los días sin luz. Así pasa con las amistades en las que sus miembros se gozan juntos cuando vienen tiempos de regocijo y sufren el uno junto al otro el día en el que las nubes grises copan el cielo.

A modo de resumen:

– Tenga en mente los consejos de Dios para establecer sus amistades: lo que Él aprueba en la Biblia le irá bien y si Él desaprueba cierto tipo de conductas, no crea que usted será la excepción, tarde o temprano le harán sufrir.

– Sea analítico y evalúe bien a las personas antes de iniciar una amistad, la integridad de su corazón está en ello.

– Elegidas las buenas amistades, cuide de ellas y ame de forma altruista y desinteresada.

Que el Señor, a través de su Espíritu Santo le ayude a establecer amistades sanas, a cuidar de ellas a lo largo de su vida y a construir su edificio espiritual mientras ayuda a otros a construir el suyo propio. Para su gloria eterna, amén.

Compártalo